En las tiendas de Apple nada está puesto al azar.
Ni los productos.
Ni los colores.
Ni, por supuesto, cómo están colocados los portátiles.
¿Te has fijado que los exponen medio abiertos?
No es casualidad.
Es psicología de alto nivel.
Que te acerques.
Quieren que los toques.
Que los termines de abrir.
Que pongas las manos encima.
Y que sin darte cuenta, empieces a pensar que ya son tuyos.
Eso se llama efecto de mera exposición.
Y es tremendamente efectivo: cuanto más contacto tienes con algo, más te gusta.
Por eso en los concesionarios insisten en que te subas al coche.
Porque cuando ya lo has tocado, medio hueles el cuero y le has dado al claxon, es más difícil decir que no.
¿Y tú?
¿Crees que no tienes que venderte?
¿Crees que esto es solo para grandes empresas?
Error grave.
Tú también estás vendiendo. Todos los días.
Y cuanto antes lo asumas, antes podrás mejorar.
No, no digo que salgas a la calle pidiendo que te toquen.
Pero sí que, por ejemplo, empieces a dar la mano como alguien que cree lo que vale.
Firme. Presente. Con intención.
Porque esto también activa el efecto de mera exposición.
Y así es como te haces más atractivo, más confiable y más recordable.
Todo eso solo por la clave que es tocar algo.
Potente, ¿verdad?
Pues esto lo es aún más:
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Abrazo.