Llevo más de 30 años entre ordenadores, cables y pantallas. Una ingeniería a la espalda y más de una década trabajando en tecnología.
He visto pasar sistemas operativos y lenguajes de programación como quien cuenta obejas.
Y aún así, me contactan para proyectos preguntando:
— ¿Sabes X?
— Sí.
— ¿También Y?
— También.
— ¿Z?
— Claro.
— ¿Y también dominas T?
— Pues… no. De esa no tengo ni idea.
Y entonces, silencio incómodo.
Incómodo, pero no para mí.
¿Por qué tendría que saber una tecnología en concreto si sacan una nueva cada 15 minutos?
No se puede ser experto en todo.
Entonces, si sé tres tecnologías, puedo aprender una cuarta. Fin.
Y esto mismo aplica a muchos sectores —tecnología, cocina, marketing, moda…— si dices que no sabes todo, te hacen sentir un fraude.
Y lo irónico es que los que se sienten impostores por ello, suelen ser los que más saben.
Porque cuanto más sabes, más consciente eres de lo que aún te queda por dominar.
Y al que no le pasa y no se siente impostor solo puede ser porque su campo es tan ridículamente simple, que cualquiera lo hace.
Y si cualquiera lo hace… ni hacen falta expertos.
Así que no te disculpes por no saberlo todo.
Pero tampoco te acomodes: sigue aprendiendo lo que te falta por saber.
Quizá lo encuentres aquí:
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Abrazo.