—Se ha escapado el tren.
—¿Ah, sí? ¿Y quién lo tenía atado?
No es lo mismo decir “se ha escapado el tren” que “se me ha escapado el tren”.
Y mucho menos que “he perdido el tren”.
Y muchísimo menos que “he salido tarde y he perdido el tren”.
¿Ves cómo cambia la cosa?
Cuanto más te acercas a la responsabilidad, más poder recuperas.
Y cuanto más te alejas, más te conviertes en víctima pasiva de tu propia vida.
Pasa lo mismo con:
—“No me entra el pantalón” vs “He engordado”.
—“Me han engañado” vs “No hice las preguntas correctas”.
Y es que el lenguaje es dirección. Es propósito.
Cada palabra que eliges o te empodera o te encadena.
Porque quien habla como víctima, actúa como víctima.
Y quien actúa como víctima, se convierte en víctima.
Habla como quien tiene el volante en la mano, aunque estés metido en un atasco.
Y ahora, para aprender a tomar el control de lo que piensas (y hablas), usa esto:
[ LIBRO ] Claridad Ancestral (12,95 €)
La mejor inversión que puedes hacer para dejar de ser víctima y empezar a pensar como dueño de tu destino.
Abrazo.