Imagina esto: vas caminando por la calle, ves un billete de 10 € en el suelo. Lo recoges, sonríes, y a los 3 minutos ya ni te acuerdas.
Ahora imagina otra escena: llevas un billete de 10 € en el bolsillo, te chocas con alguien y, al tocarte el pantalón, descubres que te lo han robado. Se te cambia la cara. Maldices al mundo. Y te amarga el día entero.
¿Curioso, no? Lo que ganamos nos alegra poco. Pero lo que perdemos nos fastidia mucho.
Esto se llama aversión a la pérdida y es uno de los sesgos cognitivos más potentes del cerebro humano. Daniel Kahneman lo estudió y ganó un Nobel por demostrarlo: el dolor de perder algo es psicológicamente el doble de intenso que la alegría de ganarlo.
¿Y qué hacen las empresas con esta información?
La usan para metértela doblada.
“Últimas unidades”, “Oferta solo hoy”, “Solo para los 10 primeros”… te están amenazando con una pérdida. Y tu cerebro pica. Porque está programado para evitar perder… aunque ni querías eso hasta hace 5 minutos.
Se llama marketing conductual. Y si no sabes cómo funciona, eres la marioneta perfecta.
¿La solución? Pensar como un estratega. Saber que tu cerebro no siempre juega a tu favor. Que muchas veces, para avanzar hay que hacer justo lo contrario a lo que tu instinto grita.
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Abrazo.